EL FILO DE DARÍO MILANO

Desde que decidió establecerse en Perú, el argentino Darío Milano no paró de crecer como shaper. Su presente es el resultado de veinte años de búsqueda. Su lista de pedidos reúne a profesionales destacados y freesurfers con distintos planes.

Para entender cómo construyó ese camino y qué busca hoy en cada tabla, conversamos con Darío Milano.

 

Darío, llevás más de dos décadas viviendo y trabajando en Perú. ¿Qué encontraste allí que hizo que aquel viaje terminara convirtiéndose en una vida?

Me mudé a Perú a finales de 2004 y empecé mi primera marca, DRM, el 23 de marzo de 2005. Había empezado a fabricar tablas en Argentina, en 1998 o 1999, con Luca Romanelli. En ese momento la industria del surf argentina no era tan grande y yo aspiraba a hacer cosas importantes con las tablas.

Pensé en irme a Brasil, que para nosotros era una referencia, pero no conocía a nadie allí. En Perú estaba creciendo mucho el surf después del título mundial de Sofía Mulanovich. Además, mi mamá es peruana y tenía familiares acá. Todo eso me impulsó a venir. Encontré una cultura de surf muy rica.

Cuando mirás hacia atrás, ¿en qué momento sentiste que habías dejado de “hacer tablas” para convertirte realmente en shaper?

Veo a un pibe argentino de 18 o 19 años, soñador, que quería convertirse en el mejor shaper del mundo y se encaminaba a Perú sin un mango. Los primeros años fueron jodidos. Había mucho de prueba y error: descubrir qué funcionaba en las tablas y qué no, y hacerme conocido en un lugar que no era el mío.

Creo que ese momento llegó en 2009. Llevaba solo cuatro años como shaper y conseguí que surfistas de los primeros puestos del circuito ALAS, tanto en Open como en Junior, usaran DRM. Ahí sentí: “Esto es lo mío”. Al año siguiente decidí ir a California a probar mi nivel con los mejores del mundo.


¿Qué cambió en tu manera de entender el shaping desde aquellos primeros años hasta hoy?

Cambió muchísimo. Ser shaper es probar y escuchar a los riders: que te digan si una tabla funciona o no. California me hizo muy bien, al igual que trabajar con shapers de enorme experiencia y con riders cada vez mejores. También está mi propia evolución. Uno aprende de los mejores, pero va creando lo suyo.

Hoy mi diálogo con los riders es mucho más profundo. Trabajar con grandes surfistas de Latinoamérica me ayudó a evolucionar. Y con los años aprendí a abrir la cabeza: ver que otros tienen buenas ideas o tecnologías, aprender de ellas y pensar cómo incorporarlas a mi estilo sin copiar.

Milano Surfboards tiene una identidad construida durante muchos años. ¿Cómo definís hoy esa identidad y qué cosas sentís que no estás dispuesto a negociar cuando diseñás una tabla?

La identidad de Milano Surfboards es la calidad, una calidad de nivel internacional. Es el resultado de mucho trabajo, de estar pendiente de los detalles y de hablar con los clientes y los riders para saber cómo les fue con cada tabla.

No buscamos cantidad de tablas: buscamos calidad. Nunca negociaría eso ni el carácter premium de la marca para aumentar los ingresos. Me gusta pensarlo como una escudería. Milano Surfboards es una escudería, no una fábrica dedicada a sacar la mayor cantidad posible de tablas.

 En estos años tuviste la posibilidad de trabajar, aprender y compartir experiencias con shapers de enorme trayectoria. ¿Qué enseñanzas quedaron incorporadas a tu manera de trabajar y cuáles decidiste hacer propias?

Tuve la oportunidad de trabajar unos doce años seguidos con Timmy Patterson, uno de los mejores shapers del mundo. También aprendí en California, en Santa Bárbara, viendo cómo trabajan con las tablas Merrick.

Lo que incorporé es la atención al mínimo detalle. No solo en el shape: también en la colocación de quillas, la laminación, la lijada y el control de calidad. Si una etapa falla, afecta a toda la tabla. Los procesos tienen que respetarse, sin apurarlos y con la mayor calidad posible. Eso hacemos en Milano Surfboards. Seguimos estándares de fabricación que conozco de California y, sobre esa base, agregamos nuestras propias ideas e innovaciones.

Ahora renovaste tu licencia en Perú para shapear Al Merrick. ¿Qué significa para vos volver a trabajar oficialmente con una marca que tiene semejante historia dentro del surf?

 Es algo muy bueno y un orgullo enorme. Ya habíamos trabajado con la marca. Esa relación se interrumpió por decisiones administrativas de la gestión anterior, ajenas a nuestra producción y a nuestra calidad. La nueva gestión quiso devolverle a la marca el nivel que merece y volvió a confiar en nosotros.

Para mí valida el trabajo que hacemos. Estamos a la altura de fabricar tablas Merrick o de cualquier otra gran marca porque aplicamos esa misma filosofía de calidad y se la transmitimos a todo nuestro equipo.

¿Qué representa ese vínculo con Al Merrick desde el punto de vista del shaper y no solamente desde lo comercial?

Para un shaper, fabricar tablas de una marca tan icónica y con tanta historia es muy importante. También es una confirmación de la calidad de Milano Surfboards.

Pero hay algo personal: tengo una muy buena relación y una amistad con Britt Merrick. A veces le escribo para consultarle por un modelo o algún detalle. No hablamos solo de shapes; también nos preguntamos por nuestras familias. Él valora mucho lo que hacemos y respeta mi trabajo como shaper. Es un vínculo fuerte y muy lindo.

 Hay una parte del shaping que no aparece en las fotos de una tabla terminada: el diálogo con el surfista. ¿Cómo trabajás para interpretar lo que un rider necesita y convertir esa información en diseño?

Con un rider y con un cliente el proceso se parece bastante. Primero conversamos: cómo surfea, qué tabla usa y qué siente que le falta. Para mí es muy importante verlo en video con esa tabla. Ahí empiezo a sacar una línea de recomendaciones.

Un rider puede decirme: “La tabla es buena, pero la siento muy suelta”, “la siento lenta” o “se me traba en los cutbacks”. A veces no es fácil expresar qué no funciona. Al verlo surfear puedo analizar si hay que cambiar el cóncavo, los bordes, los filos, las medidas o incluso el modelo entero.

Comparo mucho el surf con la Fórmula 1. Importan el circuito, el piloto y el auto; acá importan la ola, el surfista y la tabla. A veces interpretás bien y a veces no. Un shaper también se equivoca, y de eso aprende.

En ese sentido, ¿cómo es trabajar con Thiago Passeri? ¿Cómo es el proceso entre ustedes desde que él expresa lo que está buscando hasta que esa idea termina convertida en una tabla?

Le hago tablas a Thiago desde que era muy chico, así que fui siguiendo su evolución y cómo cambiaban sus medidas y sus necesidades. Trabajamos mucho con Martín. Thiago nos cuenta lo que siente, yo miro los videos y entre todos vamos probando cambios.

Thiago sabe expresarse muy bien y eso me ayuda. Es un trabajo en conjunto entre coach, shaper y rider. En este caso la comunicación es especialmente fluida porque Martín, además de su coach, es su papá. Miramos lo que probó con otras tablas, lo que le gustó y lo que no. El intercambio es continuo.

Thiago viene creciendo muy fuerte y ya consiguió resultados importantes a nivel internacional. ¿Cómo fue evolucionando también el trabajo de ustedes a medida que él fue cambiando físicamente y desarrollando su surfing?

Al principio trabajábamos con la Keep Pushing Pro, con un rocker moderado, e íbamos cambiando las medidas. Después Thiago sintió que podía usar tablas con más curva. Había evolucionado hasta convertirse en un surfista capaz de generar su propia velocidad en distintas condiciones, y eso nos abrió la puerta a modelos como la Psycho Momo.

Empezamos a trabajar con más curva, más cóncavo y tablas más afinadas para llevar su surfing al siguiente nivel. Hace poco mantuvimos los bordes bajos, pero aumentamos un poco el grosor. Con esas tablas se sintió con más flotación, sin perder sensibilidad. Él evoluciona y yo tengo que evolucionar con él. Eso se consigue cuando shaper y rider trabajan juntos durante años.

Cuando Thiago vuelve del agua y te dice que una tabla necesita “más velocidad”, “más respuesta” o cualquier otra cosa, ¿cómo traducís esas sensaciones en medidas, curvas, rocker, volumen y diseño?

Thiago usa distintos modelos para distintas olas. Si me pide más velocidad, reviso el rocker, especialmente de la mitad de la tabla hacia adelante. También miro si las medidas le quedaron chicas y por eso la tabla se frena. Si pide más respuesta, puedo revisar los bordes: quizá quedaron demasiado *boxy*.

Primero examino las medidas para su peso y su altura. Después veo si ese modelo encaja con su surfing. Hay modelos que probó y descartamos, como la 007. En cambio, la Keep Pushing Pro, la Full Gas y la Psycho Momo le funcionan en diferentes condiciones. Como ya hicimos muchas pruebas y encontramos curvas y modelos que le sirven, hoy afinamos más de lo que cambiamos por completo.

En ese proceso también aparece Martín Passeri desde el coaching. ¿Cómo se complementan las miradas de los tres y qué aporta cada uno al desarrollo de una tabla?

Martín es una pieza esencial. Lo conozco desde hace más de 25 años y tenemos una relación de mucha confianza. Usó mis tablas y sabe darme una devolución muy precisa. Si siente que algo no le funciona a Thiago, me lo dice y analizamos por qué.

Buscamos lo mismo: la mejor tabla para Thiago. Esa libertad para hablar hace que tengamos una muy buena sinergia entre los tres. Con Thiago hablamos mucho, pero creo que con Martín es con quien más converso sobre los aspectos técnicos.

 ¿Hay alguna tabla que hayas hecho para Thiago que sientas que marcó un antes y un después en esa relación de trabajo?

 Las tablas que le hice para el Mundial de 2024 en El Salvador, donde quedó tercero en Sub 16. Empezamos a usar más rocker, más curva, tablas más afinadas y bordes más bajos. Eso le dio mucha confianza en el equipo.

Después llegó otro impulso con el subcampeonato mundial junior de 2025 en Perú. Tenía muy buenas tablas y seguimos fortaleciendo esa relación. Cada tanda nos enseña algo para la siguiente.

 Hoy existen máquinas, software, CNC y una cantidad enorme de herramientas tecnológicas. ¿Cuánto hay de tecnología y cuánto sigue dependiendo del ojo, la mano y la intuición del shaper?

La tecnología y las máquinas ayudan a agilizar procesos y permiten reproducir con precisión un modelo propio. Hacer tablas idénticas a mano era muy difícil. Pero el diseño sigue dependiendo del ojo, la mano y la intuición del shaper.

Hay marcas en las que la máquina terminó haciendo al shaper. Yo empecé desde cero, haciendo tablas a mano, como otros shapers que admiro. Esa experiencia sigue siendo esencial. La máquina no interpreta lo que necesita el surfista: interpreta lo que el shaper diseñó para él.

Después de tantos años, tantos surfistas y tantas tablas, ¿qué cosas sentís que todavía estás buscando aprender?

Siempre queda algo por aprender. Los surfistas evolucionan, cambian las olas que surfean y aparecen maniobras que antes no se hacían. El surfing está en constante evolución y los shapers tenemos que seguir aprendiendo.

Desde Latinoamérica, el contacto con atletas y tecnologías de otros circuitos puede ser más limitado. Tomé eso como un desafío. Quiero que Milano Surfboards siga creciendo y que algún día sea la primera marca latinoamericana en llegar al Championship Tour, posicionarse allí y tener campeones mundiales. También sueño con hacer la tabla de un campeón mundial u olímpico. Esa búsqueda me mantiene activo y con ganas de seguir haciendo cosas.

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