SURFING TIERRA DEL FUEGO: LA GUÍA DEL FIN DEL MUNDO QUE NACIÓ EN LA RUTA

Una charla con Leandro Santacroce sobre su nuevo libro Surfing Tierra del Fuego, los viajes que lo hicieron posible y las historias detrás del surf en algunos de los rincones más inhóspitos de Argentina.

Leandro “KTUP” Santacroce acaba de publicar Surfing Tierra del Fuego: La guía de surf del fin del mundo, un proyecto que no se escribió en un escritorio, sino en la ruta.

Cinco veranos, más de dos décadas viajando al sur y cientos de kilómetros en soledad le dieron forma a un material que documenta una de las fronteras más extremas —y menos exploradas— del surf argentino.

Mientras el otoño empieza a sentirse en Mar del Plata, hablamos con KTUP sobre expediciones, comunidades sureñas y esa búsqueda constante de olas donde no hay garantías.

¿Cuántos viajes fueron necesarios para terminar esta nueva guía de Surfing Tierra del Fuego?

Para publicar la guía fueron necesarios cinco viajes a Tierra del Fuego. Allí recorrí cada rincón posible dentro de mis recursos, todo para lograr este material único para la bibliografía surfera.

Vale aclarar que las primeras exploraciones eran sin GPS, sin pronóstico del clima ni de olas. Recorrer la atractiva Tierra del Fuego con fines surfísticos es un desafío que asombra hasta a los surfistas más exigentes. Llegar a la playa rodeado de inmensidad, de frío y viento… a pesar de ese impacto, pude sortear todas esas dificultades para surfear en el fin del mundo.

¿Cuántos kilómetros llevás hechos por el sur y cuáles son los lugares donde mejores olas encontraste?

Veinticinco viajes al sur. En auto, avión y micro. El tema no es solo la calidad de la ola, sino todos los obstáculos que hay que sortear para entrar al mar.

En Río Negro: Punta Colorada, Arroyo Verde, el Riacho de Puerto Lobos.
En Santa Cruz: Punta Peligro, Punta Cavendish, Estancia Primero de Mayo, Cabo Curioso, Aguada de Jamieson, Monte León y Punta Loyola.

En Tierra del Fuego: El Páramo, Las Cholgas (descubierta por Edwin Salem en el ’89), El Ladrillero, San Pablo, Cabo Escalonado y El Quique.

¿Cómo definirías a las comunidades de surf sureñas?

Las comunidades surfers sureñas tienen convicción y un alto espíritu aventurero frente a condiciones climáticas adversas.

Tienen referentes como Pedro Mendioroz en Patagones, Galdi Toledo en Río Negro, Juan Cañadas en Chubut, Maxi Martínez en Santa Cruz y Adrián Sangiovani en el fin del mundo. Y Edwin Salem, que dejó su huella en exploraciones al continente blanco, Malvinas y la Patagonia continental.

¿Qué es lo que te aleja de Mar del Plata en enero para irte de expedición al sur?

Mar del Plata me encanta siempre, pero alejarme más de un mes para una gira patagónica es conectar con la esencia del surf en su estado más puro, rodeado de paisajes imponentes como la estepa patagónica o el bosque fueguino.

Compartir con otras comunidades surfers, surfear con locales o pasar días en absoluta soledad recorriendo cada rincón de costa al que puedo llegar. Hacer noche en galpones, visitar estancias y clubes náuticos, ir a lugares donde solo llegan pescadores o pulperos y convertir esos refugios en un club de surf por unas horas.

Ahí el surf se transforma en una verdadera inmersión cultural.

En este último viaje, ¿cuáles fueron las nuevas playas que pudiste surfear?

Este año pude surfear Punta Cuevas y Punta Desengaño (cercanos a Puerto San Julián), gracias a mi amigo Gaby Rutherford, que sin ser surfer colaboró mucho para que pueda recorrer la costa santacruceña.

También Playa Las Roquitas, en el barrio Mar del Plata de Caleta Olivia, al norte de Santa Cruz. La corrimos con Rodrigo y “Batata”, dos locales que vienen del skate. Surfear con ellos ese día, por la dificultad del mar, fue increíble.

¿Cuáles fueron los lugares más hostiles en cuanto a clima y condiciones?

Surfear en el sur fueguino, donde las montañas nevadas y los bosques se encuentran con el mar. El Páramo, uno de los lugares más ventosos del mundo, donde salen izquierdas pesadas.

La estancia El Malacara, con una playa llamada Piedra Campana, en uno de los lugares más inhóspitos del sur de Santa Cruz.

Playa La Tranquera, en el norte santacruceño, con reefs alucinantes.
Camarones, en el sur de Chubut, con olas muy técnicas.
Arroyo Verde y Punta Pórfido, dos playas perdidas en el sur del Golfo San Matías.

También la desembocadura del Río Negro, esquivando árboles con el mar explotado: una verdadera odisea. Y todos los arrecifes que hay que cruzar en marea baja para llegar a los picos.

¿Qué músicas te acompañaron en la ruta?

Uso CDs, radios locales, folclore y milongas sureñas como Saúl Huenchul y Giménez Agüero, rock nacional, cumbia noventosa y tango.

¿Cuánto tiempo te llevó escribir esta nueva guía y qué diferencias encontrás con la anterior?

Escribir esta guía me llevó cuatro años. Entre la escritura, la selección de fotografías, visitas a bibliotecas y museos, lectura de publicaciones científicas, análisis de cartas náuticas y correcciones con allegados.

Incluso hice un viaje dedicado a analizar el libro con surfistas fueguinos. Después, un año de trabajo con el diseñador gráfico Cristian y los detalles finales con Walter, de Mundo Impresos, manteniendo una calidad de papel increíble.

Desde lo escrito, aprendí mucho entre un libro y otro, y eso se nota en cada línea, tanto en lo técnico de los puntos como en las sensaciones que genera surfearlos.

¿Dónde se puede conseguir la guía?

Se puede conseguir en el surfshop Floripa, en Carmen de Patagones, o en Kikiwai.

También a través de Instagram en @Patagoniasurfclub, donde coordinamos envíos a todo el país.

¿Dónde aprendiste más… en la ruta o en el mar?

Aprendí más en las rutas del mar.

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