PAGARON LA ENTRADA

Por Sebastián Chacón

Una estación largamente esperada por quienes atraviesan el invierno surfeando en casa, aun sabiendo que, paradójicamente, las olas veraniegas suelen ser bastante pobres. Pero más allá de la escasez, los próximos meses prometen su cuota de entretenimiento gracias a una nueva oleada: surfers incubados en surf trips.

Una subcultura reciente —fácilmente reconocible— se desplaza por fuera de los límites de Chapadmalal, esa tierra prometida para las nuevas generaciones palermitanas. Jóvenes de espíritu aventurero que no dudan en patear el tablero y regalarse un par de días de home office lejos de la agobiante Metrópolis. El combo es conocido: yoga matinal, constelaciones familiares, asaditos cósmicos, avistaje de estrellas de Instagram, cerveza Corona, césped bajo los pies y una fantasía cuidadosamente paga.

Dentro de ese paisaje, en silencio y con una sonrisa que no llega a los ojos, los locales asisten al espectáculo de una oleada de consumo que, con suerte, algún día entienda de cultura.

La falta de respeto hacia los locales es indiscutida. Tipos con tablas carísimas —modelos que, en teoría, solo Joel Parkinson podría domar— y alguna quilla misteriosamente colocada al revés. Conversaciones a alto volumen que nadie pidió escuchar en el agua. Todo eso que alguna vez caricaturizó al surfer hoy vuelve a escena y compone el menú habitual de los próximos meses.

El line up tiene reglas claras. No son secretas. Pero hay quienes llegan en grupos, en surf trips que parecen diseñados para ignorarlas y terminar convertidos en meme.

El verano estrena sus primeras funciones y las figuras principales ya están en el centro de la escena, listas para arrasar con todo. Al fin y al cabo, pagaron su entrada.

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