EL GANCHO NO MIENTE

X Sebastián Chacón

Fotos: Marcos Cabral – @aca_esta_yo_te-vi

Teorías infinitas alumbraron su presencia. Ninguna comprobable. Algunas más espectaculares que otras, otras desopilantes y apenas un puñado de verdades de dudosa agudeza.
Lo cierto es que su caída marca el cambio en la fisonomía de un lugar que —lamentablemente— sacó boleto hacia nuevo paisaje.

El Gancho supo ser único. A diferencia de los locales, él nunca se cayó en ninguna ola. En eso jamás mintió, y eso que vio olas de todo tipo romper a sus pies.
Sin embargo, hasta los más fuertes caen.

Su caída fue acorde a los tiempos de viralización y barbarie. Lo hizo ante las cámaras, y quizás ese último acto haya sido una irónica despedida para mojarle la oreja a los “generadores de contenido”.

Dicen que todo lo que cae deja una estela, aunque sea de polvo o de memoria.
El Gancho dejó ambas.
No habrá quien lo reponga ni quien lo imite, porque los símbolos no se fabrican: se gestan entre el azar, el tiempo y la mirada de quienes supieron verlos vivos.

Mientras dos popes se disputan el terreno que aún guarda sus restos, el progreso —en forma de torres, gente feliz del mundo Mac y centros de compra frente al mar— asoma como el legado de estos paladines del cemento.

Pero en cada historia contada, en cada “¿te acordás del Gancho?”, algo de su espíritu se resiste a desaparecer.
Y mientras tanto, el mar sigue ahí —indiferente, eterno, testigo de todo lo que alguna vez creímos que no iba a caer.

Instagram
También podría gustarte
Estado del Mar