EL MUNDO PARALELO DE EDWIN

Desde muy niño y con la imaginación como principal medio de transporte, Edwin Salem supo que el mundo esperaba por él. En el surf encontró su mejor herramienta para aceitar ciertos mecanismos que lo acercaron hasta su próxima aventura.

En los próximos días saldrá a la venta LA HUELLA DEL SURFER, libro que repasa cinco de sus tantas aventuras en busca de olas. La selección de historias no es caprichosa, cada una tiene un peso específico y se gana con creces la presencia en esta publicación editada en Uruguay, y que pronto comenzará su gran viaje.

Días antes de volar desde Costa Rica hacia Argentina, charlamos con Edwin sobre su libro y varias cosas más.

¿La Huella del Surfer es la gran síntesis de tu vida?

No. La Huella del Surfer son quizá las 5 aventuras de surf más significantes. O sea, lo que más le puede interesar a la gente por lo inusual o excéntrico.

Tengo muchas otras vivencias e historias todavía por contar.

También escriben otros surfers que participaron o que se vieron influenciados o directamente afectados por la trayectoria. Y dan distintos ángulos de perspectiva.

Algunos famosos y otros desconocidos los cuales se ven entrelazados de alguna forma en el camino o lo que generó la huella.

¿Hay fechas y lugares para la presentación?

Por lo pronto estimamos que en Montevideo y Punta del Este sería aproximadamente la semana del 8 de noviembre.

Estimamos que los libros estarán listos para fines de octubre. Ya están siendo impresos.

Calculamos que para Argentina será a fines de noviembre. La imprenta es Uruguaya por lo cual hay que trasladar los ejemplares a Argentina.

Todo depende de la logística. Yo estaré en el país hasta el 15 de diciembre. Me tomé el tiempo necesario para cualquier imprevisto.

De cualquier manera daré aviso con tiempo.

Hace poco, tuve la posibilidad de ver Territorio Africano de los Gauchos del Mar. Me fue inevitable pensar en que a pesar de todos los adelantos tecnológicos y en lo poco que suele durar la capacidad de asombro (debido al continuo bombardeo de información e imágenes que nos llegan cada vez que encendemos el teléfono), el ser humano cae rendido ante historias, donde lo único cierto es la incertidumbre.

¿Qué sensaciones seguís experimentando cada vez que planificas una expedición y qué recuerdos te dejó África?

El bombardeo de imágenes es un tema por lo general con un cierto grado de superficialidad.

Yo rara vez voy a surfear con alguien que me saque fotos. Al contrario generalmente  surfeo solo en algún Reef lejos de la costa. Algunas veces con uno o dos amigos.

Me fastidian los jet skies, los drones y los wannabe surf pros que surfean a la mañana para luego ser héroes de Instagram en la tarde.

Al final no están 100% ahí, se están imaginando como van a salir las tomas para publicar a la tarde. Pero ahí ellos, si eso los hace felices…

Lo que realmente me molesta es la  sobreexposición constante de algunos surf spots que se han echado a perder justamente por esa actitud.

Esto interfiere con mi espacio personal dentro de ese lugar en particular. Pero de cualquier manera siempre hay otro lugar por descubrir.

Y justamente estas situaciones son las que me hacen soñar y buscar otros lugares. Siempre trato de estar muy adelante de la manada porque manada llama a la manada.

La manada es un show donde se pueden lograr protagonismos, accidentes, atribuciones territoriales, rechazos etc. Pero muy adentro de todo eso es falta de seguridad personal.

La manada responde al miedo en la seguridad numeral hacia lo externo. Pero en lo interno se depreda a sí misma y se sacrifican los de la periferia.

Creo que soy más como un lobo solitario que cada tanto se junta con otros pocos lobos solitarios para una cacería conjunta y luego cada uno sigue su camino como individuo independiente. Libres, seguros y sin miedos.

Es una mentalidad que primero para planificar viene mucho después de imaginarme y visualizar la situación. Verme ahí, sentirme ahí disfrutándolo.

Después viene la investigación y finalmente la planificación. Luego comienza la ejecución y dentro de esta las estrategias, tácticas e improvisaciones de acuerdo a las situaciones inesperadas. Como así también cambio de planes de acuerdo a las circunstancias.

Todo puede cambiar en un instante.

África me dejó un sinfín de recuerdos positivos hasta en las situaciones más radicales donde siempre prevaleció, dentro de todos los imprevistos, lo mejor de la humanidad frente a lo peor de la misma.

Sean detenciones por sospecha de espionaje, conflictos bélicos entre franco parlantes y anglo parlantes en Camerún. O convivir con nativos en sus aldeas para surfear unas olas a pesar de estar a distancias socio-culturales abismales. Siempre la humanidad y la sencillez pudieron generar los puentes necesarios para entendernos mejor.

De alguna forma, África quedó dentro de mí. Ya he vuelto una vez, y el año entrante por varios meses.

Pero, cuando llegue allá a encontrarme con Julián y Joaquín me di cuenta que todo me parecía extremadamente familiar.

Luego entendí con claridad que yo ya vivía hace más de 20 años en África, el África del Caribe.

Un África transportada por barcos esclavistas a esas costas donde los botes de pesca eran iguales, como así también las tradiciones y vestimentas y esa bondad y humanidad que los caracteriza.

La alegría de bailar a los ritmos de los tambores y esos movimientos que son tan armónicos con el espacio. Yo en África me sentí en casa.

Fue bueno también ser una ínfima minoría blanca. Así logré entenderlo todo mucho más. Mi novia que es afrodescendiente me dijo “Ahora sabes lo que se siente”.

A diferencia que nunca me sentí discriminado.

En el libro hacés mención a dos arpones balleneros que tu padre había traído de una expedición por el sur, como dos grandes disparadores de tu imagainación… Me gustaría saber cómo era el Edwin de niño. ¿Cómo supiste que el mundo sería tu gran hogar?

Mi padre era un famoso navegante Inglés. Mi casa parecía un museo náutico con maquetas, barcos en botellas, copas de regatas, lámparas hechas con cartas marinas y piezas de barcos en bronce además de una extensa biblioteca sobre el tema.

El living de mi casa era un infinito espacio al mundo. Una nave donde mi imaginación volaba por los mares, en distintas épocas de tradiciones marinas donde las velas y los vientos me llevaban al lugar menos pensado, del pasado al presente y al futuro.

Desde remeros Griegos, Fenicios o Vikingos. Leif Ericson, Drake, Nelson, Magallanes, El Cabo, Vasco Da Gama, Mansa Abukari II, Edward Teach (Black Beard) Brown, Buchard, hasta Vito Dumas. Un sinfin de nombres y embarcaciones.

En el living mi imaginación navegaba todo el día y en el jardín los viejos arpones que mi padre trajo de la Antártida también fueron un disparo de la imaginación proyectados a una continuidad y un destino.

Mi realidad también es un sueño.

¿Cuál es tu visión actual del contexto mundial y qué encontraste en Costa Rica que no conseguiste en otras partes del mundo?

Mi visión actual del mundo es triste. El hombre no ha aprendido nada. El despotismo está de nuevo de moda, y lamentablemente esto siempre termina mal.

La guerra es un estado constante y la violencia puede estallar en cualquier lado en cualquier momento.

El arte está en el movimiento, en fluir como el agua y desligarse de la tragedia humana.

No estoy en una evasión de la realidad cuando digo esto, sino más bien es estar consciente, pero no ser partícipe de las doctrinas. La cosa es seguir conectado con la naturaleza y a través de la energía de esta dar lo mejor de uno con transparencia y claridad.

Influenciar positivamente dando el ejemplo y así contribuir su propio granito de arena haciendo lo que hace uno mejor.

Creo que mi libro es una forma de hacer esto. Muestra un mundo real paralelo y libre.

Lo que más me gusta de Costa Rica es la exuberante naturaleza y su energía salvaje. Su belleza extrema y sus brutales tormentas.

Es el ying y el yang real, como lo puede ser el desierto y el viento patagónico frente al mar. Allá es el calor, la selva que desborda en el mar. Con una biodiversidad inmensurable por metro cuadrado.

Vivo en la selva, me despiertan los monos aulladores, los loros y los tucanes. Me acuesto con el sonido de los grillos, bichos, lechuzas, y las luces de las luciérnagas y los astros.

Durante el día me he topado con serpientes venenosas, boas, jaguares y panteras. En la penumbra con murciélagos de todo tipo.

En el mar generalmente surfeo entre tortugas. También me he topado con tiburones tigres, toros y martillos. Los delfines siempre son divertidos.

No estoy nunca solo en el agua. Y respeto a todos los seres vivientes por igual. Y si me tengo que comer alguno le estoy agradecido por su vida que da a la mía.

Esos se transforman en parte de mí.

El mundo es como un menú. No todos tienen los mismos platos y si tienen algunos de los mismos todos son distintos de acuerdo al toque del Chef.

Mi plato favorito son las olas, el mundo es mi hogar.

¿De todas tus expediciones, cuál fue la que te marcó para siempre?

La respuesta a esta pregunta es fácil: Todas.

¿Te sentís más seguro en el mar que en la cola de un banco?

Detesto ir al banco. Soy más amigo del teller (cajero) y la tarjeta.

Pero cuando me toca hacer la cola siempre termino haciendo chistes mientras espero. Trato de tomármelo con humor.

Los bancos en general son un mal necesario por qué el mal generó esa necesidad. Mi tío me decía: “A seguro se lo llevaron preso”.

Pero entre uno y otro prefiero estar en el mar.

¿Cómo definirías la explosión que tuvo el surf en los últimos años?

La explosión del surf está directamente relacionada a la explosión de las redes sociales.

Mi definición es: “Mono ve mono hace”.

Después de haber recorrido tanto mundo… ¿Qué es lo que seguís encontrando cada vez que surfeas?

Paz y felicidad.

¿Qué esperás que encuentre el lector en La Huella del Surfer?

Yo espero que a través de la lectura del libro, que este, ayude al lector a encontrar algo en sí mismo y que quizá en alguna historia se sienta identificado.

O despertar su curiosidad e imaginación y que lo motive a hacer su propia huella cualquiera que esa sea.

Yo simplemente relato lo que hice, lo que vi, viví, compartí y sentí; sin prejuicio alguno.

Cuando empecé con todo esto, que es más o menos desde que tengo mis primeros recuerdos, diría, que en general, desde que era niño, todos pensaban que era medio chiflado. Con el tiempo y la edad un loco lindo.

Luego un pionero, un visionario, un maestro, una leyenda. Todo eso es “Bull Shit”, son formas de catalogar un punto o tratar de formatearte en un cuadro nuevo de aceptación social .

Gracias a Dios nunca me catalogaron como influencer, eso ya sería el colmo.

La sociedad necesita catalogar e incorporar para controlar y eventualmente vender. Muchos ni se dan cuenta.

La realidad es que soy un niño, un adolescente, un hombre maduro, un viejo un ser humano que nunca creyó en la imposibilidad.

Y para cerrar te dejo con esta anécdota de mi infancia. Un día mi padre estaba con otros británicos tomando whiskey en la sala. Y me preguntó: Edwin, dile a mis amigos que quieres ser cuando seas grande.

Y yo conteste – “Watussi”.

Todos rieron, y uno que vestía un tweed y tenía la nariz colorada me dijo: “¿Y por qué querés ser Watussi Edwin?”.

Y contesté: – “Por qué son de una tribu  de gente muy alta y me gusta cómo se visten”.

Et voila le résultat.

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