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EL CAMINO DEL RIDER: SIN DEL MOROS EN LA COSTA

Historias reales de un mundo ficticio

Por Sebastián Chacón

La falta de suerte era una alarma que se disparaba con frecuencia en la vida de Rama. Todas esas cosas que no se le daban por falta de capacidad, nuestro héroe las consideraba una clara falta de suerte. Perder un heat, perder los documentos en un boliche, perder la dignidad y andar merodeando la salida de los colegios de señoritas, eran señales de una vida signada por la escasez de fortuna. La última vez que Rama se sintió afortunado había sido a fines de los ochenta, en una kermesse de su colegio Marista había ganado una juguera eléctrica, esa que todavía conservaba con especial cariño.

La sequía de resultados, el avance de la calvicie, la falta de recursos para convertirse en un súper héroe del BWWT, el siempre esquivo reconocimiento de los medios, el surgir de una generación híper competitiva, y tantas otras cosas que no valen la pena enumerar, fueron enhebrando una serie de hechos desafortunados. Todo explotó el mismo día que Rama cumplió 42 años. Poco después de despertar, recibió en su Smartphone el mail menos deseado. Con un gracias por tus servicios, Rama se vio obligado a despegar de su tabla el sticker de la marca que lo había acompañado durante toda su carrera. Sin embargo, quedaba una posibilidad para mantenerse de pie.

Un nuevo director de Marketing trajo nuevos rumbos para la marca que financió cada una de las aventuras de Rama. A poco de asumir el cargo, decidió reestructurar, y de manera drástica, todo el team. A decir verdad, era algo que debía haber sucedido hace tiempo. El team no lograba subir a un podio desde mediados de los noventa.

Fue el coordinador de marketing el encargado de llevar las malas nuevas. Desde su casilla de correo anotició a Rama. “La empresa está renovando su team y la apuesta del nuevo director de marketing pasa por apoyar fuertemente a las nuevas generaciones y a un colectivo de artistas de la zona norte de Buenos Aires. A partir de fin de mes tendrás tu liquidación disponible y serás libre para buscar nuevos horizontes”; explicaba la misiva que tenía como asunto “CAMBIO DE PLANES”.

“Los nuevos fichajes ya están cerrados, la único que resta resolver es la última incorporación, para la cual se comenzó una búsqueda. Brian, el nuevo director de marketing, está buscando un rider/artista/modelo al estilo del Moro”; leyó nuestro héroe en su Smartphone Alcatel de segunda mano.

No todo estaba perdido. Una vez repuesto de un breve pero dramático duelo, Rama se puso manos a la obra. Sabía que con un poco de empeño podría salir adelante, y por qué no convertirse en el del Moro que su, por ahora, ex sponsor estaba buscando para fichar. Después de unos fideos con manteca, mientras hojeaba un ejemplar de la Barrenador Sagrado, encendió la tele como para sentirse acompañado. Fue ahí cuando encontró al del Moro en cuestión. Un tipo flaco, de pelo corto, vestido como para animar un casamiento y al frente de un programa de TV en donde todos parecían saber de todos los temas. –Listo, lo tengo- dijo Rama, al tiempo que se prometió conseguir todo lo necesario para empezar a vivir una vida bajo la piel del tan buscado del Moro surfer, artista, modelo, y además, conductor de TV.

Al día siguiente comenzó con el cambio. Fue lo del manco Oscar, su peluquero de toda la vida. Después de unos minutos y de unas charlas sobre viejas historias del barrio, salió a la calle con un corte modernoso, por no decir inclasificable. También el manco se encargó de tapar las canas de Rama con un rubio bastante mentiroso.

Capilarmente modificado salió en busca de la ropa que usaba del Moro. Al cabo de unas horas, la extensión de la American Express de su padre padecía de fuertes espasmos, típicos síntomas posteriores a una prolongada austeridad. Camisas, chalecos, sacos, corbatas, medias de nylon, zapatos, camperas de cuero y varios cinturones de ostentosas hebillas, viajaron en bolsas hasta la casa de Rama. El plan marchaba sobre ruedas. Tenía decidido presentarse ante el nuevo director de marketing con su look del Moro, ese que estaban buscando para relanzar el team.

Con una buena capa de gel sobre su cabeza, camisa rosa, gemelos dorados, pantalón borravino, zapatos acharolados y un saco de terciopelo azul, Rama esperó pacientemente su turno para reunirse con Brian Rodríguez Uriburu, el nuevo director de Marketing. Al cabo de veinte minutos de espera, la secretaria hizo pasar a nuestro héroe, quien parecía haber naufragado durante algunas horas en un frasco de Paco Rabanne.

Rodríguez Uriburu no cabía en su asombro. Rama intentaba copiar el tono de del Moro para convencer a quien podría salvarle la vida. Nunca llegó a abrir su carpeta de prensa, esa que había completado con recortes periodísticos en donde había logrado colarse en alguna línea. –Creo que hay una confusión-, disparó el mandamás de Marketing. – Nosotros estamos buscando una persona con el perfil de Chris del Moro… Y la verdad que vos sos más parecido a Santiago del Moro que a Chris”-, terminó de rematar para dejar fuera de juego a Rama.

Derrotado y disfrazado de lo que no era, Rama emprendió el camino a casa. Mientras caminaba se imaginaba qué cosas explicaría cuando en el line up lo descubran sin sponsor. Pelarse como Kelly no sería una mala idea… ¿acaso The King no llevaba su tabla sin sticker?

Volvió a lo del manco Oscar. Mientras la máquina afeitaba su cabeza manoteó una revista, en la portada aparecía el hombre del momento; Santiago del Moro. -¿Manco, lo conocés a este Santiago del Moro?- preguntó Rama. –Sí, ese pibe es un fenómeno-, respondió el Manco. Rama se sintió mejor, aunque en su interior se seguía preguntando quien era carajo era ese Chris del Moro.

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