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EL CAMINO DEL RIDER: UNA NOCHE EN EL BUDA BAR

Historias reales de un mundo ficticio

Por Sebastián Chacón

Foto: Rodrigo Mairal – Surfarte

Suena Sex and Drugs and Rock and Roll de Ian Dury & The Blockheads y el Buda Bar estallla. Primavera marplatense de 1996 y el verano se adelanta en los escotes de las chicas. La guerra del Britpop atrinchera fanáticos de Oasis y Blur, esos que parecen no haber escuchado nunca a los Fab Four. El Buda menos silencioso del cosmos abre sus brazos y alberga a propios y ajenos, a los que lograron entran sin problema y a los que debieron esforzarse para superar el filtro de la puerta. Una típica noche en donde ser joven y marplatense es lo único que importa… El resto se podía ver en la MTV o en los ojos de Rama.

En el Buda nunca faltaban dos cosas, chicas lindas y Rama, aunque el orden de los factores nunca alteraba el producto, es necesario aclarar que las Buda Grils nunca merodeaban los dominios de nuestro héroe, sin embargo, él sabía que andaba en algo grande y el tiempo se encargaría de poner las cosas en su lugar.

El plan para esa noche fue el de siempre, entrar, buscar una cerveza en la barra y salir a coleccionar los NO de la platea femenina. Una rutina implacable que siempre arrojaba como resultado un 100% de efectividad. Aunque esa noche Rama derribaría las estadísticas, al menos por un rato.

Cerca de las 2:30 AM, Sofía entró con un grupo de amigas, Rama se paralizó al verla. Miró para todos lados y nunca encontró a Nacho, su novio y fiel perro guardián. Automáticamente se sintió obligado a hacer algo, Sofía sola no era una película que pasaran todos los días en el cine de tu barrio. Como pudo se las ingenió para disimular su borrachera, ensayó una par de frases para acortar distancias y se mandó cual Tom Cruise a la conquista de Kelly McGillis.

Sofía venía de una breve ruptura con Nacho, alentada por sus amigas, había decidido salir en busca de distracción y de paso olvidar, sólo por un rato, al eterno novio. A Rama lo conocía de toda la vida, siempre le había dicho que no, sin embargo le caía bien. Para ella, Rama siempre fue un simpático e inofensivo perdedor serial. Después del contacto visual, Rama correspondió el gesto con un efusivo saludo acompañado de un beso en la mejilla. El Carolina Herrera de Sofía catapultó a Rama a un fugaz estado onírico del cual volvió rápido para no perderse lo mejor de la película.

Charlas al oído, risas y recuerdos de la infancia se fueron sucediendo con el paso de la noche. Rama sentía que algo bueno pasaría, nunca el escenario había sido tan perfecto. Su perfomance empezó a ser comentada entre las otrora esquivas Buda Girls, la famosa “Gorda Cheta”, hija de un próspero empresario de los escotes en V, miró a Rama con otros ojos después de verlo tan cerca de una de las chicas más bonitas de Playa Grande. El milagro marplatense sucedía y testigos sobraban, cosa rara, porque es sabido que los milagros suceden cuando nadie está mirando.

Cerca de las 4 AM, el idilio entró en su epílogo. Nacho llegó al Buda con su grupo de amigos, todos borrachos y con ganas de librar alguna batalla en nombre de un mundo mejor. En ese punto, Rama significaba un claro agente de polución. Fueron por él.

Rama no advirtió la presencia de la patrulla justiciera, al cabo de unos minutos se vio rodeado de un pack de rugbiers. Sofía no dudó en volver con Nacho. Rama debió esforzarse para volver a casa en condiciones. Rápidamente bajó las escaleras del Buda Bar, los fordwards no tardaron en seguirlo. Las piernas largas de Rama fueron vitales para emprender la salida a toda marcha, en segundos estaba en la costa corriendo un 221 al que logró treparse con destreza felina. Pagó el boleto y se desplomó en un asiento. Atrás habían quedado el peligro.

Al final del recorrido lo despertó el chofer en el ACA de Santa Clara del Mar, como pudo se incorporó y bajó, sin una moneda en el bolsillo encaró para la ruta 11. Hizo dedo y cerca del mediodía llegó a su casa. -¡Rama, estábamos preocupados por vos!- disparó don Leandro Solís Arrieta al ver llegar a a su hijo. –Tranquilo papá, se me hizo tarde porque estuve con una chica-, remató sin dar mayores precisiones. Rápidamente la familia se sentó a almorzar. Leandro y Susana estaban felices, no tardaron en proponer un brindis por Rama y su nueva novia. A esa altura, Rama no iba a ser quien rompiera la ilusión de sus padres, sin dudarlo se sumó al brindis.

Una vez terminado el postre, Rama agarró su tabla, la mochila y empezó a pedalear rumbo al Yacht, puso play en su walkman y Poison Heart de Ramones le recordó que estaba viviendo en un Mondo Bizarro.

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