Por Sebastián Chacón
El regreso de Stephanie Gilmore es un hecho. Ayer, la WSL confirmó que la australiana será de la partida en Bells Beach cuando, el próximo abril, comience una nueva gira mundial. La ocho veces campeona mundial volverá al ruedo al igual que Carissa Moore, quien la semana pasada oficializó su regreso al Tour.

Stephanie y Carissa representan mucho más que los 13 títulos mundiales que suman entre las dos. Son dos mujeres que se encargaron de engrandecer el surfing. Y cuando hablamos de ellas, no nos referimos únicamente al espectro femenino: su ascendencia y legado las ubican entre las y los mejores de todos los tiempos.
Está claro que, en su ausencia, las cosas cambiaron —y mucho—. Caroline Marks, Caitlin Simmers y Molly Picklum trazaron nuevas coordenadas para esta generación hambrienta, talentosa y sin complejos, una que elevó el estándar y redefinió el surfing femenino en olas de grueso calibre.
Y es justamente en ese nuevo paisaje donde asoma lo que viene. Porque el 2026 promete ser un año altamente competitivo y feroz. Dos generaciones estarán en línea cuando la rueda vuelva a girar. Por un lado, dos auténticas Generalas que dominaron los últimos 16 años del Tour: Gilmore, renovada tras un año de surf sin presiones por el mundo; y Moore, impulsada por la fuerza emocional de saber que en su rincón estará su pequeña hija, parte de esta nueva historia. Por el otro, un grupo de jóvenes con algunas páginas ya cargadas de gloria y muchas aún en blanco.
El regreso de Gilmore y Moore no garantiza nada… salvo una cosa: que la conversación del surf femenino volverá a pivotear sobre ellas, incluso cuando enfrente tengan a una generación que ya no las mira con reverencia, sino con hambre. Por eso 2026 no será simplemente otra temporada: será un punto de inflexión.
Un año donde veremos si la experiencia todavía puede frenar al futuro o si, por primera vez en mucho tiempo, la historia tendrá que abrir espacio a quienes vienen empujando desde abajo con el ruido propio de lo inevitable.

Y esa tensión —la del pasado brillante y el porvenir que golpea la puerta— es la que convierte al nuevo Tour en un escenario perfecto. Un Tour donde nadie llega cómodo y donde todas, sin excepción, tendrán algo que demostrar.









