Maxi Bernal es un abrepuertas. De los que entienden que compartir lo aprendido del surf y del mar es parte del mismo viaje.
Su historia está hecha de encuentros, aprendizajes y ese presente que sigue construyendo cada día.
Surfista, entrenador y referente de La Gaviota Surf Club, Maxi se dispone a la charla con la amabilidad y la seguridad de quien sabe que cada encuentro es una oportunidad para seguir haciendo escuela.

¿Cómo fue que pasaste de competir a entrenar surfistas?
La realidad es que primero entrené surfistas, después me interioricé en la competencia y ahora complemento ambas en mi día a día. Comencé a surfear a los 5 años gracias a mi familia, que me dio la posibilidad de vivir todas las temporadas pegado al mar. Ahí comprendí el surf desde el goce, la desconexión y lo social. Era entrar y surfear con amigos y familia al menos seis horas por día. Esa infancia y adolescencia plantó las bases de mi visión sobre el surfing.
Posterior a la pandemia, al igual que la de muchas personas, mi vida cambió. Y ahí decidí involucrarme como instructor de surf junto con Nico Hermida en la playa Luna Roja. Fue un año de prueba; la realidad es que era muy difícil hacerme trabajar en algo que no estuviera relacionado con el mar (risas). Acá compadezco a mi viejo, que me quiso formar en otras áreas y yo ni le daba bola. Solo pensaba en ir a surfear.
Fue entonces cuando poco a poco comprendí lo que conllevaba ser instructor de surf. Empecé a ver el surfing desde la empatía, el acompañamiento y la transmisión de conocimiento. Ese primer año me dediqué a dar clases a nivel iniciante, para personas que se iniciaban en el surfing. Pero fueron los dos años y medio posteriores, trabajando en Honu Beach junto al equipo de Martín Passeri, los que me formaron de una manera más completa.
Empecé a comprender las bases y los fundamentos del surfing y su formación: un entrenamiento integral trabajando la mente y el cuerpo dentro y fuera del mar. Y fue en agosto de 2024 cuando comprendí que todo lo que enseñaba y aplicaba con otros podía empezar a aplicarlo en mí.
Noté que mi surfing estaba progresando, pero de manera lenta. Me dedicaba a enseñar, no a entrenar el surfing por mi parte. Me di cuenta de que, si no tenía un objetivo claro por el cual “luchar” o progresar, mi surfing —visto desde un punto de vista técnico y estratégico— se iba a estancar.
Fue ahí cuando me integré al grupo MPST (siglas de Martín Passeri Surf Training), dirigido por Martín Passeri y Joaquín Vanderghote. Me preparé seis meses física y mentalmente, con algo de incertidumbre pero con un camino que empezaba a ser más claro. Competí las cinco fechas del circuito ASA 2024-2025 y empecé a entender mi surfing desde la constancia, el tecnicismo y el trabajo interno.

Esas tres fases moldearon lo que es el surfing para mí en la actualidad y lo que intento transmitirles a cada uno de mis alumnos, sin importar su nivel. Tengo el privilegio de poder vivir entrenando surfistas en todos los niveles. En niveles iniciales doy clases en La Gaviota Surf Club; a mi grupo intermedio lo entreno guiándolos en el mar y dándoles ese “empujón” que precisan para pasar al grupo avanzado, al cual me dedico a coachear y videoanalizar semanal y mensualmente.
Además de entrenar, enseñás a surfear desde cero. ¿Qué creés que viene a buscar la gente cuando se sube por primera vez a una tabla? ¿Y qué te pasa a vos cuando ves reflejadas esas primeras sensaciones?
Creo que las personas recurren a buscar emociones. He tenido la suerte de entrenar y dar clases a diferentes personas, con distintas personalidades, capacidades y objetivos. Algunos buscan desconexión —ya sea del trabajo, de la rutina o de su vida fuera del mar—; otros buscan adrenalina, bajar un olón, sentir la velocidad y el revolcón. Y otros buscan una conexión: con el mar, con la vida cercana a él, con el silencio que sentís cuando estás sentado esperando la serie.
Personalmente me encanta enseñar a surfear porque me transmiten todo eso. Incluso me hacen reflexionar sobre qué es lo que yo disfruto cuando entro a surfear. Veo personas que, después de correrse una ola de cinco o diez segundos, saltan de felicidad, o personas que, después de hacer su primera maniobra, me abrazan y hasta lagrimean. Ver eso me hace volver a lo básico. Me recuerda cosas tan simples y bonitas del surfear que a veces, por pelear un objetivo (como bajar una maniobra complicada) o por la costumbre (así como un nivel avanzado se acostumbra a dropear olones sin pensarlo), se pasan de largo.
¿Cómo nació La Gaviota Surf Club y qué representa hoy para vos?
Hoy en día La Gaviota Surf Club es mi casa y representa mucho más que un espacio de entrenamiento y trabajo. “La Gaviota” es un parador de mar que se sitúa en el centro de la Bahía del Faro, al lado de Marbella y la bajada pública, que estuvo abandonado muchos años.
Mis viejos lograron, con mucho esfuerzo y trabajo, reconstruirlo y reabrirlo el 1° de diciembre de 2023. Hasta ese momento trabajaba como instructor de surf en Honu Beach. Venía de hacer tres inviernos y dos veranos conociendo y surfeando la bahía casi todos los días. Me estaba preparando para mi tercer verano en Honu cuando mi viejo me ofreció la oportunidad de crear lo que hoy en día es La Gaviota Surf Club.
Desde el momento cero tuve el apoyo incondicional de todo el equipo de la escuela de Martín Passeri, lo cual me animó y ayudó muchísimo a lanzarme con este proyecto. Sin ese apoyo y esa buena onda, no sé si las cosas hubieran sido igual, así que no quiero dejar de agradecerles.

La Gaviota Surf Club creció y creció: llegaron las clases de surf, los grupos avanzados e intermedios, las clases de yoga y, como frutilla del postre, U Natural Method. Hoy en día es más que una escuela de surf: es un centro de entrenamiento abierto a todo el que quiera pasar y disfrutar este hermoso deporte y la vida cercana al mar.
¿Qué diferencia encontrás entre entrenar a un surfista ya avanzado y acompañar el proceso de alguien que busca disfrutar más de su surfing?
Buenísima pregunta. Creo que todos los surfistas que recurren a mí, sea cual sea el nivel, buscan mejorar. Entender mejor cómo surfear, qué movimientos hacer en tal sección, cómo entrar con tal corriente, etcétera. Esa mejora hace que el surfing sea, a la larga, más “fácil”.
Pero lo que noto en aquel surfista que tiene un espíritu más técnico y un nivel más avanzado es su autoexigencia. Logra algo y busca más, y más, y más. Y eso está buenísimo, porque me abre un espacio de comunicación y guía que me encanta.
Y así también, viendo esto, me di cuenta de que, así como tengo que motivar e incentivar, también a veces tengo que frenar un poco el carro. Es decir, hacerles ver todo el progreso que llevan, hacerles entender que de cada metida se saca algo, incluso de aquella que salió “todo mal”. Que vean hacia atrás y estén contentos en esos días en que este hermoso pero maldito deporte te hace replantearte todo.
¿Qué lugar ocupa la preparación mental en tu método de entrenamiento?
Poco a poco me fui dando cuenta de la importancia de la preparación mental. Mucho de lo que aplico, no solo en mis entrenamientos sino también en mis surfings diarios, son cosas que hablo con mis alumnos.
Me ha ayudado muchísimo a razonar cosas como si fuera mi propio coach. Obviamente el peso que tiene la labor de coach es enorme, porque me baja la línea cuando debe, me guía y orienta, me da pasos desde una visión más objetiva.
Autoanalizarse —lo que uno está sintiendo y cómo reacciona ante cada situación en el mar— te abre las puertas a trabajar aspectos técnicos y emocionales de otra manera. Todo es más fácil cuando uno se sincera con lo que está sintiendo y se escucha a sí mismo sin juzgarse.
La ansiedad en un heat, la frustración al caerse en tres olas seguidas, el enojo porque no encontré “el mejor spot” o “las mejores condiciones”, y muchísimas más. Hoy en día surfeo de una manera consciente: sabiendo que puedo trabajar cada día, guiando mi sesión según mis energías y las condiciones, disfrutando el proceso de mejora y agradeciendo la posibilidad de poder meterme al mar con todos los lujos a los que uno se va malacostumbrando, como la cercanía al mar, una tabla propia, un traje que te mantenga calentito toda la sesión o una ducha para sacarse la sal de la garganta.

¿Qué errores o mitos son los más comunes entre quienes quieren progresar rápido en el surf?
Hay muchos. Me pasa que hablo con personas de 40 o 50 años y la gran mayoría, después de unos minutos, me termina confesando que hubiesen dado todo por haber tenido a alguien que los guiara cuando iniciaron en el surf o cuando tenían un nivel intermedio.
Sigo firme en que no hay límite de edad para aprender a surfear de manera amigable, pero sí me doy cuenta de que un error muy común es no optar por la ayuda exterior, por un consejo, por una clase. Sea cual sea el nivel, siempre hay algo para trabajar que te va a ayudar.
Por otro lado, el volumen: no es necesario bajar de litros con rapidez para poder trabajar fundamentos en el surfing, más aún con la calidad de shapers y variedad de tablas que existen hoy.
Y por último, un mito muy asentado —desde mi punto de vista— es que “es necesario viajar para progresar”. Viajar a lugares cálidos con olas de mejor calidad obviamente te ayudará a pulir cosas con menor neoprene y mayor facilidad al maniobrar, pero no es indispensable.
Yo realmente sentí que en estos seis meses de otoño e invierno 2025 tuve la mayor mejora en mi surfing de toda mi vida. Obviamente con “básicos” que no pueden faltar, como un traje en buen estado, la posibilidad de acceder al mar y la actitud para disfrutar las patitas congeladas una hora después del surfing.
Y no hablo solo a nivel avanzado: tengo alumnos de Buenos Aires, con nivel intermedio, que viajan todos los meses dos o tres días a entrenar su surfing y que no solo han podido mantener su nivel, sino también mejorarlo.
Repito: no niego que viajando se pueda progresar aún más, pero si no tenés la posibilidad de ir al exterior, no te limites ni te tapes con las sábanas hasta el 21 de septiembre.
¿Cómo ves la actualidad del surfing argentino? ¿Qué creés que hace falta para potenciar a la nueva generación que viene empujando fuerte?
El surfing está en auge, y Argentina no es la excepción. Creció muchísimo: nuevos practicantes, nuevas escuelas, hay un empujón enorme.
A nivel competitivo siguen firmes las raíces, los entrenadores llenos de experiencia que ayudan en todo lo que pueden a aquellos niños —y no tan niños— que apuntan a llegar a la élite.
Es un deporte caro, al igual que muchos otros, por lo tanto mantener el apoyo económico como sociedad hacia aquellos surfistas que dejan su vida por el deporte me parece imprescindible si queremos que el surfing argentino siga creciendo.
En los últimos años se multiplicaron los surf trips. ¿Cómo percibís ese fenómeno y qué impacto tiene sobre las rompientes locales y la convivencia en el agua?
Es el tema de la actualidad. Personalmente escucho y razono diversas opiniones. No se debe privar a nadie de surfear, bajo mi punto de vista, mientras haya respeto en el mar todo va a estar bien.
Ahora sí, debe regularse un poco. Debe haber límites claros y ahí cumplimos un rol muy importante los instructores locales: orientar, guiar y aconsejar siempre en pos de mantener la seguridad de la población surfista.
Y también debe haber un compromiso del otro lado: las empresas que los traen deberían recurrir siempre a personas que conozcan la zona donde se van a realizar los surf trips, y los nuevos practicantes deben estar abiertos a comprender cómo hay que manejarse en el mar.
Hay olas para todos, para todos los niveles y personas. Si hay respeto y comunicación entre todos los actores involucrados, va a lograrse una buena convivencia.

¿Qué papel juega la comunidad en la evolución del surfista? ¿Qué buscás fomentar en el grupo de La Gaviota?
Todas las personas estamos condicionadas por nuestro círculo cercano y no tan cercano. Rodearse de personas que aspiren a objetivos similares o que vivan de la misma manera que vos este deporte te va a incentivar a disfrutar y mejorar desde otro punto de vista.
Eso busco generar en La Gaviota Surf Club: un espacio donde el surfista llegue y se sienta cómodo y motivado a disfrutar las olas de la bahía del Faro. Estacionar el auto y despreocuparse, dejar las llaves en el restaurante, pedir parafina en la escuela, gozar la ducha al salir, cruzarse con amigos con la misma manija de ir al agua. Cosas simples, pero que hacen que el surfista venga a disfrutar la práctica.
Después de tantos años dentro y fuera del agua, ¿cómo cambió tu manera de entender el surf?
Uff, mi visión sobre el surfing cambió muchísimo. Como te comenté, de chico lo vi desde el lado social: disfrutar con amigos y familia, goce pleno.
Después, al comenzar a dar clases, lo empecé a entender desde el acompañamiento, la empatía y la escucha. Empecé a jugar un rol que potenciaba al alumno y a mí como persona y surfista.
Y ahora, que ya conseguí formar un objetivo en mi surfing, lo veo como un lugar de trabajo físico —intentando acariciar los límites propios— y mental, donde cada día empujo un poquito más esos mismos límites.
El surfing, para mí, ya excede lo físico. Es desconectar de un día pesado. Es ponerse feliz si hay olas. Es jugar con la frustración en días malos. Es motivarse con amigos. Es animar a mis alumnos a cumplir sus sueños. Es una filosofía de vida.

¿Qué te inspira o motiva hoy a seguir enseñando y compartiendo tu experiencia?
Ver esa sonrisa imparable o recibir ese abrazo con muchísima calidez cada vez que un alumno cumple una de sus metas en el surfing es el verdadero pago de cada clase.
Obviamente es un trabajo, en donde se hace cierto énfasis en lo económico. Pero si no hacés un trabajo que te motive o te apasione, a la larga lo padecés.
Hoy me veo el resto de mi vida surfeando, acompañando a mis alumnos —ya sea dentro o fuera del agua— y disfrutando de mirar el mar con familia y amigos.
Uso mi experiencia para eso: surfeo desde chico y aprendo muchísimo día a día, incluso dando clases. Intento transmitir, de la manera adecuada y en el momento adecuado, toda esa información.
Si tuvieras que definir al buen surfista en una frase, más allá del talento o los resultados, ¿qué dirías?
El buen surfista es el presente. Es aquel que se mete sin pensar si después o mañana estará mejor. Es quien conoce sus energías y condiciones y trabaja con ellas.
Es quien entra a disfrutar con amigos sin importar si le salió todo bien. Es quien sale salado, se toma un mate y agradece haberse podido meter.
Como dice la frase: el mejor surfista es el que más disfruta.










