La mirada inquieta de Pablo Franco, entre lo espontáneo y lo que está por suceder.

La visión de Pablo Franco nunca es estática. Su espíritu inquieto lo aleja de la repetición y lo empuja a un territorio donde lo espontáneo convive con la expectativa de lo que está a punto de suceder en el próximo disparo.
Al 2025 le quedan pocas fotos para completar el álbum. Tal vez Pablo tenga alguna de esas esperando entre sus archivos. Mientras tanto, nos tomamos el tiempo para conversar con él sobre fotografía, surf, motos y ese universo creativo que lo define.
Tu carrera se fue construyendo entre la publicidad, la moda, el mar, los viajes y la acción. ¿En qué momento sentiste que la fotografía dejaba de ser un registro para convertirse en tu forma de vivir?
Siempre me consideré un laburante de la fotografía. Generalmente solo se ve una parte del proceso final, pero le dediqué interminables horas. Sin dudas, es a lo que más tiempo y energía le dediqué en mi vida, y me considero un afortunado de haber recibido mucho a cambio. El proceso sigue y la fórmula no cambió, por suerte.

Trabajás hace años cubriendo eventos de la ISA. ¿Qué te enseñó ese ecosistema tan intenso sobre el surf, la presión y el timing perfecto?
La ISA fue y es un gran aprendizaje. El surf competitivo cambió muchísimo desde que empecé, y lo que entendí con el tiempo es que el talento es imprescindible, pero combinado con gente que se toma las cosas seriamente: procesos, disciplina y métodos. Eso llevó al surf competitivo a otro nivel.
Hace cinco años mirábamos a los juniors de China casi ahogarse en un swell grande en El Salvador; la semana pasada corrieron la final del campeonato en Punta Rocas, y una de sus atletas estuvo en los Juegos Olímpicos corriendo Teahupo’o.
Así hay varios casos de países que entendieron por dónde va el surf y hoy están teniendo excelentes resultados.


Desde afuera, el fotógrafo parece invisible, pero está en el centro de todo. ¿Cómo se entrena el ojo para anticipar lo que va a pasar antes de que pase?
Mi manera de fotografiar es muy, muy física: mucho movimiento y estar alerta a lo que está pasando todo el tiempo. Más que el ojo, creo que es una cuestión instintiva, al menos en mi caso. Suelo fotografiar sin pensar ni razonar demasiado lo que está pasando; a veces yo mismo me sorprendo después cuando veo las fotos.
RVCA siempre habló de equilibrio entre arte y deporte. ¿Sentís que tu mirada se mueve en ese cruce? ¿Dónde aparece lo artístico en una escena tan competitiva?
Siempre trato de aportar una visión distinta. Algunos la llamarán más artística, puede ser. Trato de mezclar cosas que seguramente tienen más que ver con el arte que con la técnica. Creo que ninguna de mis fotos es perfecta ni busca serlo. Busco la imperfección y la realidad, pero de alguna manera más linda. Todo está ahí.


Hay una estética muy marcada en tus fotos: energía, movimiento, cierta crudeza. ¿Buscás eso conscientemente o es el resultado natural de tu forma de estar en el mundo?
Es muy interesante escuchar cómo los demás ven mis fotos. Sin dudas, esas tres palabras son cosas que me siento orgulloso de mostrar, sobre todo la energía. Creo que una buena foto debería transmitir energía. No es un proceso consciente; salgo a sacar fotos que me gusten y, en lo posible, a divertirme haciéndolas.
Además del surf, las motos ocupan un lugar clave en tu vida. ¿Qué encontrás arriba de una moto que dialoga tan bien con la fotografía?
Creo que tienen varios puntos en común, pero el más interesante es que en las dos tenés que estar 100% presente en el momento. No podés estar leyendo un WhatsApp o pensando en otra cosa; te exigen estar ahí, vivirlo y bancarte lo que venga.
Son muy físicas las dos, y las dos devuelven una muy buena sensación. Generalmente, cuando tengo un mal día, agarro la cámara, salgo, saco varias fotos y mi día cambia completamente. Es algo bastante mágico.
Viajar, rutas largas, cámara en mano. ¿La moto es una excusa para llegar a las fotos o las fotos una excusa para salir a rodar?
¿Sabés que no mezclo mucho las dos? Cada una me lleva mucha energía y me devuelve muchísimo, y prefiero disfrutarlas separadas por ahora. Cuando ando en moto, ando en moto; y cuando saco fotos, saco fotos.

En un contexto donde todo se consume rápido, ¿cómo mantenés una mirada personal sin perder frescura ni caer en la repetición?
A veces me animo a cambiar las fórmulas. Por ejemplo, en el último Juniors hice muchísimos retratos y cada uno era una sola foto: no había segundo disparo, salía lo que salía. Son con flash, súper crudos y sinceros; hay algunos hasta con ojos cerrados.
Fue muy gracioso porque se quedaban esperando los clics posteriores, que no llegaban. La gente ya se acostumbró mucho a posar para las fotos. Está bueno ver la parte más real.
Igual es una conversación que tengo bastante conmigo mismo: hasta dónde estoy respetando mi estilo y dónde empiezo a repetirme y a ser aburrido. Trato de evitarlo siempre, ojalá lo esté logrando.

Mirando hacia atrás, ¿hay alguna cobertura, viaje o imagen que sientas que marcó un antes y un después en tu carrera?
Sin dudas fue un año que viví en Australia, creo que en 2003 aproximadamente. Terminé trabajando para Stab, Movement y varias revistas más. Fue toda una locura y me enseñó que si te ponés objetivos, seguramente los cumplas.
Es imprescindible tener un diseño de cómo te gustaría que sea tu vida y tu carrera, y también entender que las cosas llevan mucho, pero mucho esfuerzo. Todo eso lo aprendí allá. Fue un año súper intenso donde empecé trabajando de albañil y jardinero y terminé siendo 100% fotógrafo.

Hoy, con experiencia y recorrido, ¿qué te sigue motivando a salir a buscar la próxima imagen? ¿Qué es lo que todavía te quita el sueño?
Me sigue motivando divertirme cada vez que agarro una cámara. A veces más, a veces menos, pero siempre soy consciente y agradezco cada vez que estoy trabajando con la cámara y que eso siga siendo mi medio de vida.
Hoy me quita un poco el sueño la inteligencia artificial y todo lo que está generando. Creo que, en mi caso, me volvió más extremista: por ejemplo, lo de los retratos con flash salió un poco de ahí. Me niego a que la gente consuma imágenes generadas por IA. Igual, cada uno es libre de hacer lo que quiera. Yo seré un viejo loco luchando por las imágenes reales, aunque las consuma yo y dos locos más.








