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SURFER ROSA: MIRÁ HASTA DÓNDE NOS TRAJO EL SURF

Por Julieta Bossi

Para ponerlos en el contexto en el que pensé este post, les tengo que contar la razón por la cual pase tantos días sin escribir en el blog.

Una tarde estaba en Brunela, mi hostel en Santa Teresa-Costa Rica y una pareja partía para Nicaragua al otro día. Les sobraban lugares en el auto y se me ocurrió ir con ellos. Arme una mini mochila, agarre la tabla y a la mañana siguiente estaba viajando a Nicaragua. No sabía ni a dónde iba, ni cómo sería, ni cuándo volvería, pero me pareció una buena oportunidad. Pensaba irme por 5 días a conocer y después volver. Pero resulta que me enamore del lugar, me encantó un pueblo que se llama Popoyo y me quedé 25 días. No viaje con la computadora, sólo lleve mi cuaderno, esa fue la razón por la cual me atrase en publicar.

Para contarles un poco, en Popoyo todo lo que pasa es por, para y en relación al surf. La ola perfecta que rompe en el lugar hace que se llene de surfistas de todo el mundo. Para llegar no hay buses directos, los buses te dejan a unos kilómetros y después tenes que conseguir un taxi o hacer dedo. El pueblo tiene una pulpería, varios hostels, una calle y cuatro sodas para comer. La mayoría de las casas y hostels tienen agua salada, te bañas y lavas la cara con agua de mar (sin arena). Sólo dos lugares tienen agua dulce, entre ellos donde pare yo “La Tica”. Habitando creo que puede haber como mucho 100 personas a la vez, de los cuales la mayoría son hombres.

Quedarse en Popoyo es medio místico porque no tenes nada y no lo necesitas tampoco. Uno precisa una tabla, saber el horario de las mareas y alimentarse bien. Eso lo es todo. La rutina diaria está hecha a base de caminar, surfear, recorrer algunos spots (dependiendo el día), comer, dormir, leer y charlar de surf. Eso es increíble. Digamos que no era tan diferente a mi vida en Costa Rica, pero en Popoyo es especial porque todos están en la misma sintonía. Sólo fueron a surfear, nadie busca otra cosa. Era genial cuando al final del día nos juntábamos en la pizzería de los uruguayos (“Viento Este”) o en “La Tica” a tocar música (los muchachos tocaban muy bien) y a hablar de las metidas, las olas, las izquierdas y las derechas que cada uno se corrió.

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